domingo, 18 de diciembre de 2011

Profilaxis de la prótesis


La mayoría de las veces, ir al cine y encontrarse con una “película” hecha en formato digital es semejante a eso que es copular mediante el uso de preservativos. Al respecto, podrán decirme que debería acostumbrarme al asunto, que el fílmico está en su irreversible proceso de extinción, que el cine digital es el futuro, que es preferible hacerlo usando preservativos que no copular y que, por ende, me lo ponga; en suma, una sarta de argumentaciones legítimas que todos hace buen tiempo entendemos y nada que ya no conozcamos, no obstante -pues tales son las que no comprendieron el principal punto de mi observación, la cual inevitablemente encuentra diversos cauces– y por tanto, yo me debo a una aclaración:

Refiero, en primer término, al hecho de que el cine digital si no trata al menos debería tratar una simulación del cinematógrafo, o más bien la emulación de tal, y cuando la simulación/emulación no es eficaz, uno descubre cierta frustración. Aunque la minoría de las veces no, y tal no es necesariamente el uno sino el treinta por ciento de los casos, en mi humilde experiencia. El cine digital es prótesis, entonces, requerimos que la calidad del trabajo, de la realización en general, sea cuanto mínimo el óptimo: cine digital que a la vez no suena bien, es intolerable, y para qué hablar del digital que, además de sonar inapropiadamente, luce de forma insuficiente.

Forma insuficiente o no, en la observación además se afirman cuestiones aún más interesantes, más sustanciosas, como, por ejemplo, el valor de profilaxis que el cine digital alcanza a significar. ¿Profilaxis para prevenir qué mal?  ¿Inseminación cuál, cómo? ¿Qué enfermedades evitaríamos digitalizando el filme? ¿El individualismo, el subjetivismo, o el objetivismo? ¿Socialismo? ¿Podríamos comprender al cinematógrafo como vacuna? ¿Y si el cinematógrafo tal y cual lo conocemos nació mal y en realidad solo ha sido prótesis del nuevo imaginador/imaginario digital? Inseminación natural o artificial, ¿fecundación de qué?

Imaginatógrafo: un nuevo medio, un nuevo mundo, un nuevo hombre, un millón de interrogaciones.

Exacto: ¿Por qué no le ponemos otro nombre? Porque si en la Tierra de repente se pudiese vivir sin la necesidad de comer y beber, el ser humano ya no sería simplemente un ser humano, pues, esto claramente significaría la evolución de la especie humana. Semejante, aunque sobremanera más fantasioso, sería el caso de la Tierra, si de un día al otro se librara de su órbita y así del Sistema Solar, y por ende tuviera la facultad de vagar azarosamente a través del vasto Universo.